Una alternativa real para una sociedad sin acceso a servicios financieros




              Entre los muchos lugares comunes y excepcionales que habitan las aristas del mundo, está el que incluye una población que no puede acceder a servicios tan básicos y necesarios como los financieros. En el mudo existen millones de personas sin acceso a servicios bancarios formales, “cerca del 30% de la población mundial no posee una cuenta bancaria”, y “en 25 países en vías de desarrollo estudiados por el Banco Mundial, entre ellos Colombia, alrededor del 73% de personas vive sin acceso a servicios bancarios”. No lo decimos nosotros, lo dicen los datos publicados por el medio digital Dinero.

              ¿Qué podemos hacer ante tal situación?, ¿qué alternativas tienen todas aquellas personas que no pueden acceder a estos servicios?

              Queremos contártelo.

               

              ¿Cuál es el problema?

              No poder acceder a los servicios del banco tradicional ya supone un problema en sí, pues es un indicador de la exclusión financiera que azota el mundo. Con el objetivo de acabar con este inconveniente, han surgido alternativas que, por el momento, no han supuesto una solución definitiva. El Grupo Banco Mundial (GBM), por su parte, ha puesto en marcha la Iniciativa de Acceso Universal a Servicios Financieros para 2020 (UFA 2020), lo que indica que:

              • “La inclusión financiera se está convirtiendo en una prioridad para las autoridades”.
              • “La inclusión financiera es un factor que propicia 7 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

              En la actualidad, existe una brecha entre países desarrollados y en vías de desarrollo que establece la diferencia en el acceso a los servicios bancarios. Países latinoamericanos como Colombia o República Dominicana sufren las consecuencias de la precariedad en los servicios financieros. Y no solo eso. La diferencia en cuanto a hombres y mujeres también se hace notable, pues “más del 40% de las mujeres en el mundo no tiene acceso a estos servicios”, según Global Findex. Del mismo modo, estas cuentan con “un 20% menos de probabilidades que los hombres de tener una cuenta bancaria” y “un 17% menos de haber recibido un préstamo de una institución financiera formal”.

              Nos encontramos ante un problema real. ¿Qué opináis al respecto?

               

              ¿Pueden las criptomonedas contribuir en la inclusión financiera?

              La respuesta solo puede ser sí, sobre todo teniendo en cuenta su carácter descentralizado. Desde su nacimiento en 2009, las criptomonedas se han ido convirtiendo en una alternativa real cada vez más segura. El mundo se ha sumergido en una revolución del sistema bancario, las posibilidades se han multiplicado, y el número de monedas virtuales se ha incrementado.

              Realizar transacciones de persona a persona sin intermediarios puede ser el sueño de muchos, pero, por ahora, solo es la realidad de quienes han apostado por estas monedas. Bitcoin, Litecoin, Ripple y todas aquellas que han ido surgiendo son las protagonistas de la lucha por un sistema descentralizado. Las personas pueden ser su propio banco y tener el control total sobre su dinero.

              Por ello, las criptomonedas son una alternativa real para acabar con esa parte de la población que no puede acceder al banco tradicional. ¿Qué ocurriría si todas ellas aceptaran las criptomonedas como un método de pago para sus productos y servicios?, ¿qué pasaría si, definitivamente, optaran por esta opción para gestionar su dinero?, ¿qué ventajas obtendrían al utilizar las monedas virtuales para realizar préstamos y transacciones? Solo hay una manera de comprobarlo y es apostando por ello.

              A lo largo de su historia, algunos países latinoamericanos se han visto involucrados en complejas coyunturas. En profundas crisis económicas que golpeaban amargamente a familias y empresas. Se han visto envueltos en el sueño de una reactivación definitiva de la economía, pero, pese a las medidas llevadas a cabo para fortalecer los sistemas bancarios, ya hemos visto cómo, todavía, existe gran cantidad de personas excluidas de sus servicios.

              Las criptomonedas pueden ocupar un lugar clave en las posibilidades económicas de las personas, pues su llamada a la inclusión financiera podría tener un fuerte impacto en la reducción de la pobreza.

               

              Aprovechando el uso de smartphones

              Leer titulares del tipo ‘Se duplica el uso del teléfono móvil’ se ha convertido en nuestro pan de cada día. Ya no nos sorprende observar cifras espectaculares sobre estos indicadores. Ni siquiera nos planteamos cómo sería prescindir de este tipo de aparatos. En América Latina, “el uso de teléfonos móviles para acceder a internet es una tendencia que parece no tener vuelta atrás, sin importar el rango de edad en el que los internautas móviles se encuentren”, como indica El Economista.

              ¿Qué tal si este fenómeno no solo contribuyera al desarrollo de una economía de aplicaciones para las industrias sino que también lo hicieran con los servicios financieros? Si alrededor de 5.000 millones de usuarios únicos utilizan la telefonía móvil, 5.000 millones de usuarios tienen en sus manos un aparato desde el que poder realizar transacciones y préstamos, así como gestionar su propio dinero. Aunque cueste creerlo, la realidad es que ya se están desarrollando criptomonedas capaces de lograr este y otros objetivos.

              Las personas tienen en sus manos la oportunidad de ser su propio banco. Una simple aplicación de criptomonedas puede cambiar la manera en la que almacenas y gastas tu dinero. Hablamos de cifras que han superado por primera vez a las de la población mundial.

              Así, las criptomonedas pueden ser una alternativa eficaz para que todas aquellas personas que, según los datos, quedan fuera del sistema financiero, puedan empezar a formar parte de una economía compartida.




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